Otra faena más que el Eibar deja sin rematar

El Eibar desecha la opción de acercarse a Europa tras ceder un empate después de haberse adelantado

SAN SEBASTIÁN |0

Si el empuje y la insistencia contabilizaran, el Eibar se habría llevado la victoria de calle, y habría acabado de un plumazo con esa racha de partidos sin ganar en la que se ha zambullido casi sin darse cuenta. Pero en el fútbol lo que cuentan son los goles y, aunque los armeros golpearon primero, no acertaron a clavar la puntilla cuando tenían al becerro acongojado atrás. Y cuando las faenas se dejan sin rematar, las cornadas suelen ser inevitables.

ficha técnica

  • 1SD Eibar

    Yoel; Capa, Ramis, Lejeune, Arbilla; Pedro León, Escalante, Dani García; Inui (Bebé, m. 80); Kike García (Rubén Peña, m. 75) y Sergi Enrich.

  • 1RCD Espanyol

    Diego López; Javi López, Oscar Duarte, Diego Reyes, Aarón Martín; Hernán Pérez (Marc Roca, m. 65), David López, Diop (Víctor Sánchez, m. 51), Jurado; Gerard Moreno, y Caicedo (Vázquez, m. 81).

GOLES

1-0. m. 19. Kike García; 1-1. m. 49. Jurado.

ÁRBITRO

David José Fernández Borbalán (Comité andaluz). Amonestó a los locales Escalante, Gálvez (estaba calentando en la banda) ; y a los visitantes Diop, Diego Reyes, Caicedo y Aarón.

INCIDENCIAS

5.340 espectadores (entre ellos un centenar se de seguidores blanquiazules) acudieron al campo de Ipurúa a presenciar un partido de la jornada 28 de Primera División. Oscar Duarte fue retirado (m. 94) en camilla lesionado. Antes del inicio del partido se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento el lunes 13 de marzo en accidente de tráfico en Azkoitia de Iker Amutxastegi, socio azulgrana y miembro de la peña Eskozia La Brava. Jugó de rojiblanco el Espanyol. El entrenador azulgrana, José Luis Mendilibar, vio el partido desde la grada al estar sancionado.

El equipo azulgrana no se dejó nada en la caseta. Puso la presión, la intensidad y las ganas que marcan a fuego su carácter, pero le faltó la precisión necesaria para resolver un partido que se fue trabando tan rápido como fueron pasando los minutos. Sí fue capaz de sacar partido a su dominio para marcharse al descanso con un gol del renacido Kike García tras otra obra de arte de las que Pedro León tiene en su galería, pero una de las decenas de pérdidas de balón que se produjeron dejaron el balón a los pies de Gerard Moreno, que vio cómo Jurado estaba esperando en soledad a que le llegara para remachar a Yoel.

Los 40 minutos restantes fueron un querer y no poder. Al Eibar se le escapó la posibilidad de lograr la novena victoria en casa y establecer así un nuevo récord a añadir a su lista de logros en Primera, pero lo más importante es que también dejó pasar una gran opción para volver a acercarse ese objetivo europeo que se ha ganado con su gran trayectoria.

Un vacío en Ipurua

Y es que la derrota del Villarreal en Las Palmas había añadido un aliciente más a un partido ideal para ver en familia después del aperitivo. Lamentablemente, en Ipurua se sintió un gran vacío. Faltaba Iker Amutxastegi, un incondicional del equipo armero, que se dejó la vida el pasado lunes en el alto de Azkarate cuando volvía a casa del trabajo ilusionado por celebrar el cumpleaños de su hijo. El pequeño de los tres que tenía junto a Marta. Con lágrimas en los ojos, sus amigos de la peña Eskozia la Brava y el resto de los eibarreses que acudieron al estadio, guardaron compungidos un minuto de silencio que no mitiga el dolor que causa que los sueños de un joven y de toda su familia se corten de esta manera tan drástica.

El mejor homenaje que le podía brindar el Eibar era lograr un triunfo que permitiera mantener vivas las esperanzas de que al menos sus hijos puedan ver a su equipo del alma paseándose por el viejo continente. Por él y por todos los que sienten estos colores, los armeros arrancaron, como casi siempre, como ya temía el propio Quique Sánchez Flores, a comerse al Espanyol.

El técnico periquito insistió la víspera en que ésa era una de las señas de identidad de un equipo al que se lee fácil, pero que pocos son capaces de entender.

Kike, enrachado

Y los blanquiazules, este sábado de rosa y blanco, se debieron saltar algunos párrafos del dictado, porque aun sabiendo lo que se les vendría encima, no supieron impedir que los armeros se les subieran a las barbas a las primeras de cambio. Quizás tampoco esperaban que los locales saltaran al campo con dos delanteros muy definidos que presionan como bulldogs enfurecidos.

Hay que exprimir los mejores momentos de cada uno, y tras la exitosa irrupción de Kike García en El Sadar tras más de dos meses lesionado, Mendilibar entendió que ha llegado la hora de que el conquense saque a relucir la faceta anotadora que enamoró a un Fran Garagarza que no paró hasta conseguir que vistiera la zamarra del Eibar. La respuesta del de Motilla de Palancar no fue tan inmediata como en Iruñea, pero sí igual de efectiva. Los locales se habían hecho con el bastón de mando, asustando, achuchando, pero sin llegar a lanzar ningún golpe certero.

La paciencia es una virtud de la que los eibarreses disponen, porque saben que tienen jugadores resolutivos y determinantes. Y en eso el maestro es Pedro León, que posee un poder innato para convertir sus centros en regalos a los que los demás solo le tienen que poner el lacito. Kike, que estrenó su cuenta anotadora con el Eibar en el partido de la primera vuelta en Cornellà, se adueñó del primer palo y desde allí, con un cabezazo cruzado marcó su cuarto gol y el segundo consecutivo tras recuperarse de su lesión. Provocó tal entusiasmo en las filas locales que dio la impresión de que los de Mendilibar podrían llegar a repetir ese 0-3 con el que llegaron al descanso en el feudo del Espanyol. No fue así, y eso que una volea de Dani García en el último minuto de la primera mitad llevaba toda la intención del mundo. Pero el sitio al área periquita resultó infructuoso. Es más, de no ser por una rápida intervención de Lejeune, Caicedo podría haber silenciado el ánimo de Ipurua después de hacerse con un balón tras un error en la cesión de Ramis.

Alegría efímera

El caso es que el Eibar se las prometía muy felices cuando se retiró al vestuario con una mínima ventaja, pero sintiéndose superior al rival. La alegría le duró los cinco minutos que necesitó el equipo catalán para robar un balón en la frontal del área y desestabilizar a toda la defensa hasta el punto de que Jurado remató más solo que la una después de que le hubiera ganado la posición a Capa.

El Eibar se enfureció y se abalanzó como un poseso al cuello de su rival, pero con más corazón que cabeza. No era tanto problema de falta de ideas, sino de falta de exactitud a la hora de mover el balón. Por momentos pareció que en lugar de fútbol se estaba jugando al voleibol.El balón pululó por el área periquita durante casi toda la segunda mitad, y allí cayó derribado Pedro León, que ni siquiera reclamó penalti, porque no lo fue. La clave de esa acción la tuvo y la desechó Inui, que con toda la portería abierta de par en par para él, mandó el rechace que le había llegado a la Tribuna Este. El propio extremo conquense volvió a fabricar otro centro que Bebé remató a botepronto en el segundo palo, pero flojo y fácil a las manos de Diego López. Con ocasiones tan claras enviadas al limbo, el Eibar tuvo que claudicar y despedirse de otros dos puntos que le alejan de su sueño.

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